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miércoles, 6 de mayo de 2009

Arcade Fire, 'Funeral' (2004) y 'Neon Bible' (2007)














Es curioso. Con The Arcade Fire me pasó algo similar que con Suede: la primera vez que les escuché me sonaron a bicho raro y no me gustaron, pero cuando insistí y les encontré sus (múltiples) virtudes, ya nunca más me pude despegar de ellos ni dejar de adorarles con devoción. En el caso de los canadienses, había leído un montón de críticas que les ponían por las nubes, así que me tiré a la piscina con 'Funeral'. Y no se si fue porqué me esperaba otra cosa, pero el disco me dejó súperfrío. Es gracioso, o hasta ridículo, darte cuenta de estas cosas con el tiempo, porqué ahora cada vez que me lo pongo me provoca un subidón de energía increíble. ¿Cómo me podía dejar indiferente semejante obra de arte?


Y es que 'Funeral' es intenso, enérgico, pomposo, barroco y descomunalmente épico. Ese uso rockero que hacen los canadienses de instrumentos tradicionalmente ligados a la música clásica es una vuelta de tuerca sorprendente. O al menos, lo fue hace 5 años, porqué ahora son muchos los que siguen la estela con mayor o menor acierto (entre los buenos, Fanfarlo, Ra Ra Riot, Port O'Brien...). Y, por supuesto, todo ese armazón no valdría para nada si debajo no hubiera composiciones de un talento mayúsculo: 'Tunnels', 'Laika', 'Crown Of Love', 'Wake Up', 'Rebellion'... y si las dijera todas, no pasaría nada.


'Neon Bible' era la prueba de fuego. El eterno examen del segundo disco. Esa guillotina pendiente sobre las cabezas de los iluminados por los focos de la fama repentina. Pocos son los que suelen superar la prueba de la decapitación, pero Arcade Fire lo hicieron con nota. Se metieron en una pequeña iglesia que compraron con la pasta que hicieron con 'Funeral', introdujeron el sonido de órganos eclesiásticos, y se cascaron un discazo tan o más descomunal que el primero ('Black Mirror', 'No Cars Go', 'Ocean Of Noise', 'Intervention'...).


Y cuando tuvimos la oportunidad de verles en directo, en verano de 2007, este leopardo se dio cuenta que estábamos ante la que puede ser la GRAN banda indie de la década. La que le dará el relevo a Radiohead. Por entidad, por creatividad, por carácter, por fuerza... en vivo son un auténtico torbellino. Cambios constantes de instrumentos entre los miembros de la banda. Energía desbordante. Química. Interacción. Algo grande pasando delante de tus morros. Y que duren...




Y el día que tenga una banda de rock, la liaré parda como ellos...












jueves, 16 de abril de 2009

Antony & The Johnsons, 'The Crying Light' (2009)




Esta noche su voz habrá envuelto de terciopelo las paredes del Palau de la Música. Y yo no habré estado. Un caso más de estar en el sitio incorrecto en el momento inoportuno. El eterno melodrama de la imperfección al que estamos sometidos leopardos y mortales. Pobres mortales...



¿Te han hecho alguna vez un masaje con la voz? Es una sensación sublime. Te sientes liviano, ingrávido, hipersensible... como si alguna extraña fuerza ultrapoderosa te levantara del suelo y te hiciera flotar por encima de las cabezas de los demás. Al principio da vértigo, pero cuando te acostumbras, no querrías volver a bajar nunca más al mundo terrenal. Los espíritus se encaprichan enseguida de la por igual anhelada y temida sensación de libertad. Seguramente no es más que un espejismo, una fantasía del alma... pero llegar a creerte que la estás experimentando es una sensación inigualable.



Pianos y violines susurrándote al oído palabras de agridulce belleza. Mientras los primeros te hipnotizan, las cuerdas de los segundos de atan de pies y manos y te someten a su voluntad hasta hacerte estremecer. En esos momentos ya eres un mero juguete, incapaz de escapar. Son los riesgos de jugar a las emociones. Un día puedes reír, y otro te tocará llorar, pero en ambos casos le habrás ganado la partida al ejército de las grises corazas. Y una aureola de luz iluminará tus pasos irregulares.












martes, 9 de diciembre de 2008

Boy Omega, 'Hope On The Horizon' (2007)


Martín Henrik Gustaffson iba para futbolista. O eso le habría gustado a su padre, que le puso su nombre en honor al jugador del Tottenham Martín Chivers. Pero a los 12 años, nuestro pequeño sueco se rompió la pierna, y aprovechó su baja para tomar prestada la guitarra de su hermano y emular a aquellos cassetes de Elvis, Rod Stewart, Bruce o Kiss que escuchaba en el coche de su padre cuando le llevaba a entrenar. Y lo vio claro.

Inquieto y prolífico, y tras varios proyectos, en 2001 empezó a componer temas tras el alter ego de Boy Omega. Varios singles, Ep’s y 3 LP’s más tarde, y con algún desengaño amoroso de más en la mochila, factura este precioso ‘Hope On The Horizon’, a manera de disco de autoayuda emocional. Y es que, con la ayuda de una orquesta de cuerdas, vientos y piano de una docena de miembros, convierte sus frustraciones amorosas en piezas de melodrama pomposo y candidez folk. ‘A Quest For Fire’ puede llevar a engaño, por la épica a lo Arcade Fire, pero enseguida ‘The Blues And The Bee Sting’ nos pone sobre la pista folkie, aunque con la amabilidad de una fría mañana de tímido sol.



Con ‘Hard Work’ empieza el camino tortuoso de camas vacías y almas a medias, acolchado por armonías disonantes y sonidos de raíces más americanas que escandinavas. ‘Suffocation Street’, ‘Tonight I’m Swimming’, ‘The Good Times’… lamentan el presente, idealizan el pasado, pero con la esperanza que el futuro épico de ‘True Haven’ se convierta en algo más que un puro anhelo.





jueves, 11 de septiembre de 2008

Clásicos 90's: Tindersticks, 'Curtains' (1997)

La noche es cerrada y muy oscura. La penumbra de una vela oscilante genera sombras fantasmagóricas. Tus miedos salen a pasear, sonámbulos, al ritmo de un xilofón. A lo lejos, detrás de una puerta que quizás ni exista, suena música lejana. Te acercas intentando no hacer ruido, pero la madera cruje a tus pies y tus temores chirrían con el paso de una suave brisa de madrugada. Oyes una voz que suena a bourbon, y sus vibraciones hacen sonar violines, contrabajos y cuerdas que te desgarran la carne. Pero lo hacen de manera suave, para que no distingas placer y dolor. Tu sangre se lanza al vacío, y golpea fuerte contra el suelo. Y la sangre se hace sangre, pero no duele. Rosas marchitas a tu alrededor. Baladas asesinas en gargantas profundas; pero no, no es Mr. Cave, ni Mr. Cohen, aunque juegue con las mismas cartas marcadas. Recuerdos de una mágica noche en el Palau de la Música. Y la voz de Mr. Staples masajeándote el alma. El clímax es el relax, o viceversa, y aunque no aciertes a comprenderla, sabes que esa sensación sublime es El Melodrama, que te posee y te somete, sin que puedas (ni quieras) oponer resistencia.





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