lunes, 24 de noviembre de 2008

The Flash Express, 'Introducing The Dynamite Sound Of The Flash Express' (2003)


Caminas por la cornisa de un 28º piso. Sientes la brisa que se hace viento y luego huracán. Te tira al vacío, entre tu vértigo y desesperación. Rebotas en la pared, y luego en un toldo, y después en un farol que sale de la pared que te abre una brecha de 10 centímetros en la frente, y en el canto de una ventana que se abre porqué la vecina del 15º quiere retirar la ropa antes de que la fina lluvia se haga tormentón. En el piso 13 oyes los gritos y gemidos de una pareja que folla salvajemente mientras escucha a los Mooney Suzuki a todo trapo. Cuando alcanzas el piso 11 bajando como un cohete y el ojo izquierdo ya te cuelga, ves a Superman volando raudo y alargando sus potentes brazos hacia tí para salvarte, pero el muy cabrón se cae de un caballo que pasaba por allí y se queda paralítico. Gritas desesperado, y en piso 7 vislumbras un camión de colchones justo debajo tuyo. En el piso 3 el semáforo se pone verde y el camión sale con un reprise digno de un fórmula 1.

El impacto de tu cuerpo chafándose contra el asfalto resuena con tal estruendo que los científicos creen detectar un movimiento sísmico de fuerza 8 en la escala Richter. Levantas la mitad de la cara que no ha impactado directamente contra el suelo (la otra mitad ya no existe, o si existe, se ha convertido en millones de trocitos sólo visibles con microscopio) y ves a una negra en minifalda y pelo afro dando palmas y moviendo el cuerpazo en minifalda a ritmo de soul frenético James Brown. Llega una ambulancia a todo trapo, pero el conductor becario está nervioso porqué es su primer servicio y no calcula bien la frenada. Nunca hubieras pensado que sentir una goma en el prepucio fuera preludio de un dolor tan grande. Pero claro, las gomas que te pones en plena faena sexual (bueno, que te ponías; ahora ya no podrás nunca más) no eran de caucho ni de marca Michelín. También es mala suerte que la tormenta sea de nieve y la ambulancia haya tenido que salir con neumáticos de clavos.

El camillero te resulta familiar... coño, ¿pero no es Jon Spencer, y los camilleros Russell Simmins y Judah Bauer? De camino al hospital, pone la radio, y suena un funk cortante y sincopado, y ritmos que matan, y el conductor empieza a mover la cabeza excitado y con tal violencia de lado a lado que se pega un cabezazo contra la ventanilla y la ambulancia pierde el control, justo cuando pasaba por el puente sobre la vía del tren. Si el tren hubiera pasado a la hora, ningún problema, pero ya se sabe cómo son estos de RENFE. El tren de las 5 embiste con violencia a la ambulancia a las 6, y tu cuerpo (bueno, la mitad que quedaba mínimamente conjuntado) sale disparado hacia la autopista, no sin antes rebotar con dos palos de alta tensión que te dejan con olor a chamusquina. Aunque ya no ves nada porqué has perdido el otro ojo, te hueles porqué ha sido. Estás de suerte: mejor haber perdido los ojos, porqué así te evitas el sufrimiento que te hubiera supuesto ver cómo se acerca sin tiempo a rectificar su trayectoria un trailer cargado con una docena de coches todoterreno. Por suerte también, no se puede circular a más de 80 km/h, lo cual alarga unas centésimas la tortura de sentir toneladas de acero sobre de tí, pero permite que tus restos no queden tan incrustados en el asfalto.


De hecho, los servicios de rescate consiguen sacar tus despojos con un taladro que suena a ritmo de punk-blues. La putada es que el operario se va a enterar hoy mismo, tras intentar sacarte, que padece de Parkinson, lo cuál es algo incompatible con la puntería y la destreza necesarias para esta misión. Cuando no saben si es mejor llevarte a un hospital o al aparador de una parada de quesos y embutidos del mercado, un terrorista suicida algo torpe y corto de vista confunde la nueva ambulancia con el coche escolta del presidente del gobierno, y se detona allí mismo. Una oreja tuya aparece en Tegucigalpa y la otra en San Petersburgo, y te preguntas quién coño robó el soul.

Ya sólo te queda el torso, medio brazo y el escroto colgando, y un trocito de pierna derecha que han ido a caer a la zona de negocios de la ciudad. Mira que han pasado años desde 1929, pero tiene que ser justo hoy cuando la bolsa hace crack y provoca el suicidio masivo de centenares de brokers que se tiran por la ventana incapaces de dar la cara ante sus jefes y esposas que van a tener que aprender a vivir sin Visa. Concretamente caen 88 tiburones de Wall Street sobre tus entrañas, y alguno de ellos lo hace con guitarras de rock'n'roll manchadas de sucio barro y grasa garajera colgando del cuello. La doble vida de americana y corbata de día-tejanos rotos y chupa de cuero de noche. Parecería suficiente noticia como para abrir el informativo de la TV del día, pero justo a 3 segundos para que empiece el sumario de titulares, cae un meteorito radioactivo-nuclear sobre la tierra que hace añicos el planeta. Ya es mala folla que el trocito de planeta donde estaban tus 4 retales de carne humana sobrantes vayan a parar al astro rey: ese sol abrasador a 2 millones de grados centígrados no tiene mucho sentido sin un cuerpo al que poder broncear...









No hay comentarios: