
Continúo con el especial Semana Santa. Entré en contacto con Marilyn Manson en tiempos de la facultad, por culpa de mr. Brown Blind Leppard, un buen amigo común y algún que otro lector leopardo que nos sigue desde escandinavia. No recuerdo si primero ví alguna portada suya, o alguna camiseta, o algún video, pero mis primeros sentimientos fueron de miedo. ¿Quién cojones era ese tipo con cara de asesino en serie, nombre de asesino en serie y música infernal para asesinos en serie? Así pues, mi primera emoción respecto a aquella especie de monstruo fue de total rechazo.
Los 3 leopardos antes mencionados estaban obsesionados con aquél personaje, y así pasó a formar parte de mi entorno cotidiano. Escuchaba sus canciones repetidamente en un programa de radio que perpetrábamos desde unas catacumbas propias de una snuff movie; oía las historias que me explicaban casi enajenados, y la brutalidad y la lluvia de lapos en el mítico concierto en la sala Bikini (que yo no ví) se convirtieron en una especie de leyenda del nuevo antimesías.
Y en esto que, un buen día, en el examen de una asignatura optativa, dejé copiar a una chica que llevaba años intentando sacarse ese maldito temario. Y aprobé. Y aprobó. Y pocos días después, me quedé de piedra cuando la chica, eufórica, me regaló una bolsa de una tienda de la calle Tallers, con un disco dentro: 'Antichrist Superstar'. Le dije que no hacía falta, que por qué había hecho eso, pero ella estaba tan ilusionada y contenta por haberse sacado de encima aquella asignatura, que no pude rechazar su regalo. Y, viéndola así, también me sabía mal decirle que a mí no me gustaba ese freaky monstruoso, que eso era cosa de mis amigos, y que yo en esa época era muy feliz disfrutando con mis discos de Blur, Oasis, Suede o Pulp.
Pero claro, si cae en mis manos un disco, mi curiosidad innata me hace incapaz de no escucharlo. Así que lo puse en el CD de casa, le dí al 'play'... y pasó lo que tenía que pasar. Acabé abrumado por la brutalidad sonora del anticristo. Atrapado por la lucidez y la rabia de sus letras. Fascinado por la oscuridad de su estética. Y obsesionado e igual de enajenado que mis amigos por el lúcido y perverso universo de mister Manson. Y, durante meses, no hubo ni un solo día de mi vida que no escuchara al menos una vez la canción final del disco, 'Man That You Fear', que me tenía absolutamente enganchado. O, en los días de incomprensión y frustración hacia la mierda de mundo que me rodeaba, nada mejor que '1996' para sacar toda la bilis que pudiera tener acumulada.
Y le fuimos a ver en concierto con la cara pintada. Y justo antes, a una entrevista en la radio en la que por poco pensé que uno de los gorilas de mr. Manson acabaría apalizando a mr. Brown, y con solo un vidrio de por medio separándonos de aquél ser, me dí cuenta de que, realmente, mi primeros sentimientos estaban plenamente justificados: aquél tipo daba realmente miedo. Por su aspecto, pero casi aún más por la lucidez que transmitía en cada una de las entrevistas que le leí o ví por aquél entonces. Y, curiosamente, recuerdo también que me encantaba escuchar su música con los auriculares desde la cama, con la habitación a oscuras en plena noche, en una especie de ritual sadomasoquista de terror emocional para exorcizar miedos y traumas de la postadolescencia.
Con el tiempo fui perdiendo interés por la posterior carrera artística de Manson. Probablemente su propio personaje se le acabó comiendo. Pero por mucho que uno vaya cambiando de gustos y perspectivas, nunca nadie me podrá hacer cambiar de opinión respecto a este disco: una verdadera obra maestra.

