Tras su aclamadísimo (con toda la justicia del mundo) debut 'Els Millors Professors Europeus' (2008), los barceloneses Manel se convirtieron en un fenómeno de masas, especialmente en su tierra. El 15 de marzo saldrá su esperadísima continuación, '10 Milles Per Veure Una Bona Armadura', del que hoy han avanzado 2 nuevas canciones: 'Aniversari' y 'Boomerang'. Sólo con que el disco sea la mitad de delicioso que la primera de estas dos canciones, la espera habrá valido la pena...
Estaba visualizando uno de los últimos episodios de la tercera temporada de Sons Of Anarchy cuando en una de las mejores escenas del episodio, se nos mostraba como un padre motero y calavera renunciaba a su hijo por darle un futuro mejor con unos padres de adopción adinerados. Las acciones de los personajes transcurren lentamente mientras una hipnótoca y amarga canción embellece y resalta el profundo dramatismo de la situación. Es la maravillosa "Alesund", canción que abre el último disco de Sun Kil Moon.
Y un servidor aprovechaba para recordar otro de esos trabajos especiales e ineludibles en cualquier discografía de folk actual. Este "Admiral Fell Promises" es sencillamente el disco que muchos querrían haber compuesto e interpretado y nunca pudieron.
La belleza y la complejidad conceptual de estas diez creaciones nos transmiten dolor, desesperación, tristeza, languidez a la vez que tensión emocional, todo envuelto en un denso halo de nocturnidad y reposo. Podríamos afirmar con rotundidad que es una obra ya mayor de una banda que si continua por estos cauces huele a clásico.
Sigo con mi repaso de mis imprescindibles de 2010, y aprovecho que hoy actuan en mi ciudad Deer Tick para destacar esta obra que los confirma como una de las bandas a seguir para los amantes del rock clásico, el folk y el country.
En sus dos anteriores discos, los recomendables "War Elephant" y "Born On Flag Day", John McCauley se daba a conocer como un excelente compositor de melancólicas melodías inspiradas en el country y la música de raíces, en las que destacaba su rota y dramática voz. Este rasgo tan característico de sus creaciones nos hacía albergar la esperanza de que con el tiempo sintiera la necesidad de evolucionar y arriesgarse para emprender un viaje en busca de un sonido más elaborado y personal.
Y parece ser que McCauley escuchó nuestras pregarias y con este "The Black Dirt Sessions" nos ofrece un atrefacto en el que pone su privilegiada voz al servicio de nuevos parámetros, retorciendo y complicando todos esos estandards que tan bien ejecutaba en un pasado, dando un paso adelante en su carrera y facturando su primera obra maestra.
En ella conviven la espiritualidad y la luminosidad de "Choir Of Angels" y "Twenty miles", la tristeza desesperada de "Goodbye, dear Friend", el folk melancólico de "The Sad Sun", la grandilocuencia de "Manage" y "When She Comes Home", y el dramatismo de la reversionada "Christ Jesus" con el que cierra magistralmente un disco adictivo y redondo.
Grabado en el backstage del Enmore Theatre de Sidney, Australia, mientras estaban de gira por la tierra de los canguros. Corresponde a la canción 'Atlas', que salía en la banda sonora de 'Eclipse'. Y por ahora, sin nuevas noticias del próximo disco que suceda al maravilloso 'Reservoir', que para un servidor fue el disco más glorioso del año 2009...
Siempre defiendo que la vida funciona a base de casualidades, y que no hay nada que valga la pena en el mundo que no tenga que ver con el azar. Y este segundo disco de la cantautora de Portland Laura Gibson me vuelve a dar la razón: hace 5 días no había oído hablar de ella en la vida. Hace 5 días estuve tentado de no ir finalmente al concierto de Port O'Brien, ya que les había visto 2 veces en menos de 10 meses y me daba algo de pereza cruzarme la ciudad en martes laborable para asistir al show. Hace 5 días opté finalmente por ir, aunque no pude disfrutar demasiado de su delicada música, por culpa de la bandada de cotorras impresentables que invadieron la sala, faltando completamente al respeto al resto de la audiencia y, sobretodo, a la artista que intentaba regalarnos su música de la manera más adecuada posible. Y hace 5 días la casualidad quiso que conociera a alguien sobre el escenario al que nos invitaron a subir los Port O'Brien en 'I Woke Up Today'. Alguien que al final del concierto quiso comprarse un CD de los californianos y, casi sin quererlo, eso me llevó hasta el tenderete y me provocó el impulso de comprarle el CD a la Gibson de manos de la propia artista, y bajo su sugerencia de que me llevara éste, que era el último y del que mayoritariamente había tocado canciones esa noche. Así, casualidad tras casualidad, ahora me encuentro delante del teclado gozando y escribiendo sobre esta deliciosa maravilla que hace 5 días que escucho sin parar...
'Beasts Of Seasons' es el segundo LP de esta norteamericana, que también ha colaborado junto a otros artistas como The Dodos o Ethan Rose. Concebido como los antiguos (y ahora nuevamente tan de moda) discos de vinilo, consta de dos caras: la primera, 'Communion Songs', consta de 4 canciones sobre la búsqueda de elementos externos, sea en la pareja, sea en la familia, sea en la religión... la segunda parte, 'Funeral Songs', sobre la aceptación de la soledad que al final nos espera a todos. De hecho, la muerte es el nexo común entre las dos partes del disco.
Y si bien muchos podrán considerarlo un disco tétrico por su temática, lo cierto es que a nivel formal es una auténtica exquisitez, al nivel de otras musas leopardas como Alela Diane, Cat Power, Joan As Police Woman, Cheyenne Mize... la voz y los particulares registros vocales de Laura (que son más susurros que cantos) le dan al disco una atmósfera de intimidad sobrecogedora. La sonoridad folk (en algunos momentos lo-fi; en otros, acompañada de pomposos vientos y cuerdas, o slide guitars country) es un auténtico masaje espiritual que proporciona una paz interior extrema. Y, para completar el regalito, se hace acompañar de otros músicos locales como Danny Seim (Menomena) o Shelley Short, o incluso de la mismísima Laura Veirs. Un nombre que salió en la conversación post-concierto del martes. ¿Más casualidades? Bienvenidas sean...
Deambulando por la sabana, un leopardo siempre acaba encontrando presas sorprendentes que llevarse a las orejas. Y muchas veces el azar juega un papel fundamental. No sé bien si fue por la portada que me recordó a los cuadros de Arcimboldo. O porqué hubiera escuchado a alguien hablando bien de ellos. O, simplemente, por esas fuerzas invisibles que nos llevan a actuar de un modo preciso justo en el momento adecuado. Pero la cuestión es que este cuarteto de Londres entró hace pocas semanas en mi guarida, y creo que lo hizo para quedarse.
The Clientele llevan sacando discos desde el año 2000, si bien empezaron su andadura musical en 1991, con diferentes formaciones y nombres (empezaron como The Butterfly Collectors). En la última década, han editado seis álbums (contando éste, que salió el año pasado), y dicen estar influídos por bandas como Love, Zombies, Galaxie 500 o Felt. Ahora en formato de cuarteto, en este disco se mueven en terrenos pop-folk de extrema delicadeza, marcados por las voces reverberadas de Alasdair MacLean y las atmósferas difuminadas de canciones que masajean hasta el más recóndito de tus sentidos. Algunas de tono más vivo y afrancesado ('I Wonder Who We Are', 'Share The Night'), y otras de una fragilidad a flor de piel ('Jennifer & Julia', 'Bonfires On The Heath', 'Never Anyone But You', 'Walking In The Park'...). Pero todas ellas, dignas de ser escuchadas cerrando los ojos y sintiendo una maravillosa sensación de relax y despreocupación por el intranscendental mundo exterior...
Como ya me pasó con su álbum anterior, me estoy enganchando bastante al último disco de Port O'Brien que os reseñamos hace un par de días. Buceando por internet, he encontrado este interesante concierto que dieron en el festival Noise Pop en 2008. Un show en el Café Du Nord de San Francisco, donde este leopardo verde estuvo disfrutando de un concierto de las Hormones este pasado verano.
Si, hace casi un año cuando empezamos este blog, me llegan a decir que le clavaría mis zarpas a un disco en catalán, le habría tomado por chalao. Muy a mi pesar, en mi adolescencia me tocó convivir con esa gran mentira politizada a la que llamaron 'rock català', y aborrecí a todos aquellos grupos que me parecían flojísimos, y una manera como cualquier otra de adoctrinar masas aborregadas a cambio de unas buenas subvenciones. Y ya se sabe que, en mis dominios felinos, 'la pela és la pela'.
Afortunadamente, todos los prejuicios que me provocaron aquellos grupos que me niego a nombrar han volado por los aires con este notable debut de Manel. Y es que es de aquellos discos que te entra solo y sin vaselina, dando gustito y dejándote con ganas de repetir. Ha sonado gayer, pero no iban por ahí los tiros.
'Els Millors Professors Europeus' tiene el encanto de la sencillez. De lo cotidiano. De lo próximo. De letras que provocan empatía. De situaciones que podrías haber vivido. De melodías que necesitan ser cantadas encima. De sonidos caseros que llevan la nostalgia adherida, y el atractivo de una aparente frialdad y distancia. Guillem, Martí, Roger y Arnau subliman el folk, alejándolo de los tópicos chirucaires, y apoyándose también en ataques de surrealismo que provocan sonrisas.
'En La Que El Bernat Se't Troba' te pone en situación de recordar tantas noches olvidando tus miserias entre piernas extranjeras de paso. 'Avís Per Navegants' te mete en la melancolía, y 'Ai, Dolors' es uno de los momentos álgidos de la sublimación cotidiana, cogido de la mano de 'Pla Quinquenal'. 'Roma' es una surrealista historia de imaginario flashback. 'Ens En Sortim' es otro de mis rincones favoritos, con esa resignada y a la vez esperanzada visión de nuestras frágiles existencias. 'Nit Freda Per Ser Abril' vuelve a robarte una sonrisa. 'Al Mar' me repele un poco por cierto deje Manu Chao, pero las buenas sensaciones vuelven con la tragicómica historia de 'Els Guapos Són Els Raros'. 'Dona Estrangera' me recuerda al 'Shiwa' de Love Of Lesbian, y 'Ceràmiques Guzman' es un sirtaki sobre lo emocionante de la seducción. 'Corrandes' es el nostálgico brillante cierre con dejes planetarios a 4 voces de un brillante tesoro a 4 mentes. Y de regalo leopardo, la sensacional versión del 'Common People' de Pulp. Moltes gràcies per aquest petit tresor, nois...
Admito que últimamente estoy poco rockero y bastante popie. Me va por ciclos, y ahora estoy en época donde debo necesitar más melodía que vendaval. Así, descubrir a bandas como Slow Club justo ahora me sabe a gloria. Porqué me dan melodías pegadizas; canciones saltarinas; fragilidad; buenrollismo; armonías vocales preciosas... ideal para el relajante periodo vacacional que empecé ayer.
Charles y Rebecca son de Sheffield, la ciudad de Pulp, Arctic Monkeys o The Long Blondes, entre otras muchas bandas. Hacen un pop de aires folk con dos vertientes: la extrovertida y enérgica, y la intimista y sensible. En el primer caso, se acercan a bandas como Los Campesinos!, Belle & Sebastian, Lacrosse... y en el segundo, a Moldy Peaches, She & Him o incluso The Wave Pictures. Ahora, las comparaciones que he leído por ahí con The White Stripes no las veo por ninguna parte. Hay cada flipao...
En sus 3 años de vida, Slow Club habían editado diversos EP's, y éste es su álbum de debut. Hay quien les acusa de cursis, y quizás lo sean en la estética de sus videos. Pero os aseguro que este disco es una deliciosa maravilla que genera adicción. Vosotros mismos...
Poca broma con esta pequeña joyita, porqué te puede poner la piel del revés: Cheyenne Mize (Arnett Hollow) y Bonnie 'Prince' Billy (el último alias de Will Oldham, ex-Palace Brothers, Palace Music y no sé cuántos Palace más) han parido un miniálbum de 6 versiones de canciones populares americanas escritas entre 1873 y 1915, y el resultado es de gallina de piel. A lo mejor es que el temazo que compartió con Scoutt Niblet ('Kiss'), le dejó con ganas de más, y por eso Bonnie se ha buscado otra compañía femenina. Bendita idea. Quizás podrás acordarte de los discazos de Isobell Campbell & Mark Lanegan, por aquello del juego de voces masculina-femenina, o quizás te vengan a la mente las baladas de Elvis. Pero eso da igual, porqué lo único que importa es que disfrutes como un enano con la fragilidad folk de estas preciosas melodías, que suenan así...
Me gustan demasiado las Breeders como para pasar por alto este disco. ¿Que si son ellas con otro nombre? No, no, pero me recuerdan lo suficiente ('How Low Are You?', 'Have I Told You?', 'Tables'...) como para revivir esos años de facultad en que descubríamos a Pixies, Sonic Youth, Pavement y compañía, así como a las hermanas Deal. Éstas no son hermanas, al menos de sangre, y por lo poco que he podido investigar por la red, sé que Anna Hillburg y Yea-Ming Chen son de Oakland, y que el próximo lunes editan este segundo disco, dos años después de su debut 'Come Over Now'.
Y como las Breeders, Dreamdate construyen sus sencillas canciones en melodías muy efectivas, tan deudoras de los grupos vocales de pop de los 50, como del folk tradicional americano, como de los Ramones. Pero eso sí, vestidas con guitarras lo-fi (en ocasiones eléctricas; en ocasiones, acústicas), y jugando con las texturas frágiles que dan las armonías vocales de nuestras féminas protagonistas. Total, un buen disco de primavera, también efectivo para anuncios de compresas y películas de Sofía Coppola, o cualquier otra peli indie susceptible de festival de Sundance. De hecho, también recuerdan algo a los discos de Kimya Dawson o, por extensión, Moldy Peaches ('Patience', 'Tour Song', 'Anyway')...
Perdidos en un bosque sueco. El día es tranquilo, se oyen pájaros en la lejanía, y el ruido de las ramas rotas a tus pies. Hace frío, pero te resguardas en un grueso jersey y guantes de lana. El vaho precede tus pasos, y tu piel blanca se vuelve roja del frío. Caminas sin rumbo, pendiente arriba, pendiente abajo. Se oye un río cercano, y tiemblas sólo de pensar en la temperatura del agua a la que le gusta hacerse notar. Prefieres imaginar la calidez de ese refugio de madera que te espera unos metros más arriba, y en la chimenea y en el chocolate caliente. Y en una mantita bajo la que encontrar la excusa para arrambarte y celebrar la fiesta del tacto, las pequeñas cosas de la vida, y todo lo demás.
¿Pueden dos hermanas lolitas de 16 y 19 años que hasta hace poco escuchaban a Britney Spears, Spice Girls o Cristina Aguilera llegar a emocionarnos? La respuesta parecería obvia, hasta que ellas descubrieran 'First Day Of My Life' de Bright Eyes, tuvieran una revelación, y 2 o 3 años después, tú escucharas esta pequeña maravilla de 7 canciones.
Conduces a través del desierto. El viento te da en la cara y el sol ataca con justicia por tu cada vez más despoblada azotea. A tu derecha, hileras de cáctus. A tu izquierda, rocosas paredes se alzan en la distancia. Pasan kilómetros y kilómetros hasta cruzarte con un coche, y cada vez que eso ocurre, ambos vehículos tocáis el cláxon y levantáis la mano, en un saludo de solidaria empatía. Y piensas "¿qué narices estará haciendo ése en estas áridas tierras donde sólo conviven lagartos, serpientes, escorpiones o fugitivos huyendo de la justicia?"
Tienes la frente llena de sudor, y una gota que cae en tu ojo te produce un gran escozor. Pero por suerte el sol ya empieza a bajar, dejando el cielo en una preciosa orgía de azules y amarillos que se van convirtiendo a negros y naranjas. Piensas en el motel que hay a una docena de kilómetros, y en esa cama de muelles oxidados y ruidosos, y en la ducha con agua fría y sin presión, pero que ahora mismo te sabrá a lujoso jacuzzi. En la radio las interferencias se toman un respiro, y un histriónico locutor enlatado con ganas de parecer enrollado parece querer decirte que hay vida en pocos kilómetros a la redonda.
Y la hay. Un viejo cartel colgante de hierro forjado se balancea al ritmo del viento y provoca un chirrido que parece darte una no muy cordial bienvenida al motel. El encargado se despierta alarmado por el ruido del motor, y está a punto de caer de la silla en la que está recostado en la pared. Todavía con una brizna de paja en la boca, te abre la puerta de entrada, pasa detrás del mostrador, toma tus datos y te da la llave de la habitación 16. En el corredor del piso de arriba, se oye el ruido amortiguado de un viejo televisor en una de las pocas habitaciones ocupadas. Avanzas hasta el fondo del pasillo, y justo antes de la ventana, metes la llave en el paño de la habitación que queda a la derecha. Abres la puerta... y allí, sentados en los sofás, 6 tipos extraños tocan bellas canciones sureñas.
Con los problemas técnicos solucionados, me reincorporo a la guarida tras el letargo invernal.
¡Y empiezo fuerte! Uno de los discos que me tiene sorbida la sesera los últimos meses... Os dejo con la crítica que hice hace tiempo para el ruta y nunca se llegó a publicar.
Michael Gira es uno de esos maravillosos y poliédricos personajes que transitan por la inagotable escena del nuevo folk, sin los cuales no sería posible entender este fenómeno que se está cociendo en los últimos tiempos. Si hablamos de él podríamos hacerlo acerca de su banda actual, Angels of Light y de lo monumental que es ese We Are Him que no ha parado de sonar en la guarida del que os escribe, o de lo importantes que fueron los extintos Swans que tan magistralmente dirigió en los 80’s y principios de los 90’s; pero lo que realmente nos interesa abordar en esta ocasión es su faceta de descubridor de nuevos valores gracias a su valiosísimo trabajo al frente de Young God Records.
Descubridor entre otros de Devendra Banhart o Akron/Family, parece ser que sus tentáculos no descansan y no deja de sorprendernos con nuevos combos que saca de su mágica chistera y que vienen acompañados de trabajos de un nivel sideral.
Y es que este The Orchard es un viaje al meollo, a la esencia, a una época en que los músicos se reunían alrededor de una hoguera tras un duro día de trabajo y le cantaban al amor, la desdicha o a esos personajes malditos que tanto aterraban y atraían gracias a sus fechorías. Así, Colleen Kinsella (voces, harmonium, guitarra, acordeón, banjo), Caleb Mulkerin (voces, guitarra, banjo, dobro), Tom Kovacevic (voces, oud, nay, tamboritza, jembe, tamborín), Micah Blue Smaldone (voces, contrabajo, banjo) y Chriss Sutherland (voces, guitarra, doumbek) nos asombran con unas composiciones que deben hacer sentir hasta al más escéptico que la música está tan viva como lo estuvo en un pasado a veces demasiado mitificado.
El canadiense Nick Thorburn es uno de los compositores más prolíficos y creativos del panorama indie actual. En este 2008 ha sido capaz de componer tres maravillosos discos al mando de otros tantos proyectos. Si con Reefer nos regalaba un trabajo con aire Hawaiano y marino, con el nuevo de Islands se adentraba en atmósferas más turbias.
En Human Highway, en cambio, rinde tributo a Everly Brothers, Roy Orbison y todos esos grandes songwriters de los 60's que tanto venera. Y el resultado es francamente espectacular. Acompañado de Jim Guthrie y sus respectivas acústicas nos ofrecen doce cortes que desprenden la luz, calidez y melancolía que subyacen tras unas sensibles y emotivas melodías. Así, la sombra de Crosby, Stills, Nash & Young choca con el espíritu de los Travelling Willburys y se materializa en cortes tan difíciles de borrar de tu mente como 'The Sound', 'All Day', 'Sleep Talking', 'Pretty Hair', 'What World', 'My Beach' o 'Moody Motorcycle'.
Así pues, amados leopardos, si tomáis la decisión de pulsar el link que más abajo os remite a la descarga del disco tengo que avisaros de que el material que encontraréis es brutalmente adictivo. Desde que me hice con él no concibo un día en el que no encuentre un momento para dedicarle a las canciones y proyectos antes mencionados.
Por muchas caras que nos muestre el genial compositor, lo que nunca cambia es que sus melodías tienen la genial virtud de apoderarse e hipnotizar del pobre e indefenso oyente. ¿Pura droga dura o medicina para el alma? Vosotros mismos...
Martín Henrik Gustaffson iba para futbolista. O eso le habría gustado a su padre, que le puso su nombre en honor al jugador del Tottenham Martín Chivers. Pero a los 12 años, nuestro pequeño sueco se rompió la pierna, y aprovechó su baja para tomar prestada la guitarra de su hermano y emular a aquellos cassetes de Elvis, Rod Stewart, Bruce o Kiss que escuchaba en el coche de su padre cuando le llevaba a entrenar. Y lo vio claro.
Inquieto y prolífico, y tras varios proyectos, en 2001 empezó a componer temas tras el alter ego de Boy Omega. Varios singles, Ep’s y 3 LP’s más tarde, y con algún desengaño amoroso de más en la mochila, factura este precioso ‘Hope On The Horizon’, a manera de disco de autoayuda emocional. Y es que, con la ayuda de una orquesta de cuerdas, vientos y piano de una docena de miembros, convierte sus frustraciones amorosas en piezas de melodrama pomposo y candidez folk. ‘A Quest For Fire’ puede llevar a engaño, por la épica a lo Arcade Fire, pero enseguida ‘The Blues And The Bee Sting’ nos pone sobre la pista folkie, aunque con la amabilidad de una fría mañana de tímido sol.
Con ‘Hard Work’ empieza el camino tortuoso de camas vacías y almas a medias, acolchado por armonías disonantes y sonidos de raíces más americanas que escandinavas. ‘Suffocation Street’, ‘Tonight I’m Swimming’, ‘The Good Times’… lamentan el presente, idealizan el pasado, pero con la esperanza que el futuro épico de ‘True Haven’ se convierta en algo más que un puro anhelo.
Y si hablamos de artistas que fascinaban a Kurt Cobain, no podemos olvidar al legendario bluesman Huddie Ledbetter, más conocido como Leadbelly. Su historia es de aquellas que no sabes bien donde acaba la realidad y donde empieza la leyenda. Pero como hablábamos hoy con mr. Brown, me encanta pensar que todo lo que se cuenta de él es verdad, porqué eso engrandece su figura y la llena de un encantador romanticismo.
Parece que a los 2 años el pequeño Huddie ya sabía tocar la guitarra. De adolescente, su tremenda habilidad con cualquier instrumento musical que le ponían por delante le servía para atraer a las chicas como moscas y así poder utilizar a mansalva otro tipo de instrumentos corporales (él decía que cada noche podía estar con entre 8 y 10 mujeres). Le llamaban el Rey de la guitarra de 12 cuerdas (su querida 'Stella'). Decían también que recogía 1000 libras de algodón al día, y parece ser que acabó en prisión en diversas ocasiones por peleas, disturbios varios y hasta por haber cometido algún asesinato. Todo un leo-punk del siglo XIX y XX.
Sus continuas estancias en la trena le sirvieron para componer decenas de temas (su legado está estimado en unos 500), y la leyenda dice también que sus canciones pidiendo perdón eran tan conmovedoras que gracias a ellas obtuvo la libertad en un par de ocasiones. Pionero del blues y el folk, ha sido versionado por muchos de los más grandes de la historia del rock (Creedence Clearwater Revival, Led Zeppelin, Lennon & McCartney, Van Morrison, Bob Dylan, Nirvana...). Y entre sus canciones que más han perdurado, 'Midnight Special', 'Goodnight Irene', 'Roberta'... y por supuesto, 'Where Did You Sleep Last Night'
Con aquella alegría que dan las derrotas y humillaciones del Equipo del Mal (sí, los leopardos también tenemos arrebatos sado-nazis y futboleros...), hoy tengo tiempo y ganas para redactar un triple post que hace semanas que tenía en mente: volviendo al universo grunge (los leopardos no podemos escapar de esa época que vivimos en 1ª persona felina), esta sección que nos sacamos de la chistera recupera a artistas que fascinaban al bueno de Kurt Cobain (y a las que versionó con Nirvana).
Y empiezo por la que el mártir del grunge consideraba la 2ª mejor banda de la historia, sólo superada por unos tales The Beatles: hablo de The Vaselines, claro. Y es que mucho antes de esta fiebre que hemos vivido en los últimos años por bandas indies de chico-chica (White Stripes, The Kills, Moldy Peaches, She & Him, The Raveonettes...), ya existía un fantástico dúo en Edimburgo que sedujo al líder de Nirvana: Eugene Kelly y Frances McKee (¿de dónde narices os pensábais que sale el nombre de la hija de Kurt & Courtney Love?). Luego se les unieron James Seenan y Charlie Kelly.
La banda se fundó en 1986, y en tan sólo 4 años de vida grabó varios singles y un único disco: 'Dum Dum' (1989). Pero al ver que Nirvana los popularizaba con sus versiones de 'Son Of A Gun', 'Molly's Lips' y 'Jesus Wants Me For A Sunbeam' (rebautizada por Kurt, en sentido negativo, en el glorioso Unplugged de la MTV), el sello Sub Pop decidió editar éste disco de 19 canciones (aquí dividido en 2), que compila singles y el único LP de los escoceses. Además de las susodichas canciones, destaca también una versión del 'You Think You're A Man' de Divine (si te bajaste el disco que colgamos aquí, tendrás el original en tu disco duro). Pop encantador de aires 60's, folk, shoegaze, y hasta algún ramalazo de soft punk hacen comprender por qué Kurt adoraba a esta banda...
Hace unos días filosofábamos acerca de lo que ha cambiado el panorama musical en unos cuantos años, y el bolo que nos ofrecieron estos geniales canadienses podría empezar otro debate y servir como ilustrativo ejemplo de cómo ha de ser una banda hoy en día para sobrevivir. Y es que lo que es bien claro es que aquí nadie vende una cantidad de discos suficiente para subsistir comodamente y hasta los más grandes se ven obligados a girar para ganarse el pan. Y los pequeños... aún más.
Así pues, si entramos en la web o el myspace de cualquier banda que quiera vivir de la música podremos observar que su vida es un tour constante, un contínuo devenir que les lleva por minúsculas salas de todo el mundo. Y lo mejor (o peor) de todo es que todos esos grupos saben positivamente que el mayor salto que pueden dar es el llegar a tocar delante de mil personas en lugar de treinta. Se acabaron los farsantes que tenían una banda por las groupies, la party y las drogas. Hoy en día sólo subsisten los que llevan la música corriendo por las venas, no se conforman con regocijarse pensando que su último disco es el definitivo y están dispuestos a derramar su talento dónde sea y ante quien sea.
Y el pasado jueves estábamos treinta melómanos (entre ellos un par de leopardos) y una pedazo de banda en la minúscula pero acogedora Sala Rock Sound. A Eliott Brood les importa un carajo si tocan delante de treina o de tres millones, su repertorio es demoledor y lo saben. Lo más fácil para ellos hubiera sido lamentarse de la escasa asistencia de público al evento y salir ahí derrotados, tocar sin darlo todo durante un ratito, culpar a la ausencia de monitores para escusarse que el sonido no es todo lo bueno que debería y todo el mundo les hubiera olvidado de camino a casa.
Pero no, no fue así en absoluto!!! Este trío son unos supervivientes, y con la actitud que mostraron podrán vivir de la música el tiempo que a ellos les dé la gana. Salieron a matar, y consiguieron algo tan difícil como es calentar la atmósfera de una sala vacía. Sorprendentemente, parecía que en lugar de treinta allí éramos doscientos. Así, los temas de su enorme 'Mountain Meadows' (Fingers And Tongues, Write It All Down For You, Without Again, Garden River, Chuckwagon...) se iban alternando con cortes del anterior 'Ambassador' y geniales versiones de White Stripes (Hotel Yorba), Neil Young (Powderfinger) y Johnny Cash (Ring of Fire como grand finale) para dejarnos a estos treinta afortunados un recuerdo polvoriento, enérgico y feliz de una de las mejores bandas de la nueva escena revisionista de la música de raíces americana.
Fanáticos de Marah, los Blind Melon más acústicos, Felice Brothers, Jenny Lewis o Bright Eyes, no os lo penséis y compraos este 'Mountain Meadows', que es pura medicina para el alma. Si de momento le queréis pegar un check, siempre podéis revisitar la entrada que hice en su día del disco.
Aquí os dejo una pequeña muestra de lo que fue el concierto...
Siempre me ha alucinado la facilidad que tiene para transmitir los sentimientos más profundos con las frases más sencillas. Pienso que es una de las grandes poetisas de la música de hoy en día.
Me consuelo sumergiéndome en este video hasta que tenga otra ocasión de verla.
El único objetivo de este blog es compartir la pasión que nos provocan aquellos artistas que nos remueven algo ahí adentro y nos dan fuerzas para salir a la selva cada mañana. Nuestra idea es sólo dar a conocer a estos artistas, y que los lectores puedan tener la oportunidad de tomar contacto con su música para decidir si les resulta interesante o no. Sobra decir que el único lucro que obtenemos es espiritual, y que desde aquí animamos a todos los amantes de la música a seguir inviertiendo en los artistas, de la manera que la conciencia de cada uno crea más conveniente.